DEDICADO

En memoria de Santiago Maldonado. Pedimos justicia.

12/30/2014

Un mapa sonoro del país

Pedro Patzer es un ejemplo de la importancia del guión radial, a través de su gran trabajo en FM La Folklórica
Por   | Para LA NACION
Pedro Patzer estudió Letras y es guionista y docente en el Iser y en Eter. Su labor como guionista de contenidos ha cobrado gran relevancia en la última década. Se desempeña en ese rol en La Folklórica (FM 98.7) desde 2003. Es ganador de cinco premios Argentores por su escritura para la radio y, además, obtuvo hace días el tercer puesto en el Premio Nacional de Guiones de Radio y TV, otorgado por la Secretaría de Cultura. A su vez, publicó libros de poemas, y su primera obra de teatro, Epígrafes, fue seleccionada y representada en el ciclo Teatro x la Identidad, de las Abuelas de Plaza de Mayo. Porque ejerce una profesión no habitual en las emisoras es que la nacion dialogó con este profesional que tiene un aspecto más bien eslavo (es rubio de ojos celestes). "Mi abuelo vino de un barco, pero yo voy a la Pachamama. Ésa es mi definición. Y por esa razón estamos tratando de pasar a sonidos, a palabras, el otro mapa de la Argentina, que está en las manos del zafrero, en la canción solitaria del pescador del Paraná, que está en medio del río. Tratamos de hablar del viento, de la selva, de las pequeñas patrias que hay en la Argentina secreta, con gente que realza nuestra cultura. Todos estos textos de mi autoría los volcamos en una sección que se llama «Salamancas» y «Caminos», que son documentales artísticos y quedan plasmados con la voz de la locutora Stella Maris Tovarich, el actor Oscar Naya y la edición de Tano Salvatori y Celso Miño. Son pequeños micros, documentales repartidos en varios bloques que se van intercalando durante la programación", explica.
Todos los días hay un tema distinto. Puede ser un canoero, la inundación, los mineros, el carnaval, Yupanqui, Jaime Dávalos o Mercedes Sosa. "La idea es que haya un contenido que hable de esta Argentina profunda y de esta América que lo tiene todo, aunque falten muchas cosas", dice. Cuando el equipo arrancó con la propuesta se preguntaba cuántos micros podrían llegar a hacer. Pero esa duda se transformó en nada menos que mil trabajos. "A La Pampa, por ejemplo, le robaron un río. A partir de ahí se armó un movimiento de artistas que le cantan a ese río. Después, el mundo de los santos clandestinos y profanos; las comidas: el guiso es un manifiesto de nosotros mismos, una manera de ser. Éste es un país de trenes y de cultura ferroviaria. Un tren que fundó pueblos y los hizo desaparecer. El misterio de la Pachamama. Antes de que llegara Greenpeace, acá estaban las curanderas mapuches, que te preguntaban por tus sueños, indagaban en ellos y sanaban con hierbas. Esa relación con la madre tierra, el misterio de los ritmos, los pájaros, la milonga y el paisaje que condiciona la vida de la gente", reflexiona Patzer.
Para este creativo, uno de los problemas que tiene la radio es que "hay mucha gente que habla sin decir nada. Por eso nos propusimos acercarle a la gente historias, leyendas, comidas y concretar una radio que amalgame a todo el folklore. Creo que las emisoras temáticas van a ir avanzando. Es una manera de celebrar la palabra y al espíritu autoral de la radio".
La idea de una radio guionada persigue como objetivo darle otro valor a la palabra, celebrarla, transmitirla y aprovechar el mensaje. "Eso mismo hacen Alejandro Dolina o Miller y Coggia, los chicos que trabajan con Pergolini en Vorterix, o las radios cooperativas o universitarias. Hay mucha gente tratando de decir cosas: muchos Dolinas en el país, muchos Larreas, Pessoas, Bravos o Mir. No creemos en esas radios de tres tipos que se juntan en una mesa a contar lo que les pasó ayer. Falta música en la AM, sobre todo argentina y latinoamericana. Los chicos no saben quién fue Homero Manzi o Yupanqui. En eso también tiene que ver la radio. Se puede lograr, no hay que rendirse", concluye..

12/08/2014

Santos Guayama, el gaucho que murió nueve veces





Santos Guayama, el gaucho que murió nueve veces

 por Pedro Patzer

Uno de los que encarnó el misterio de eso que llamamos ser gaucho (no el gaucho de desfile, ni de centro tradicionalista, sino gaucho a los Güemes, gaucho hijo de la intemperie cultural de la América morocha) fue el sanjuanino José de los Santos Guayama, un héroe de los confines de nuestra historia (o de la historia verdadera, la que fue de indio en indio, de gaucho en gaucho, de silencio en silencio, de fogón en fogón, de guitarra en guitarra, de muerto en muerto) al que su pueblo le ha levantado el más importante monumento que se le puede erigir a un hombre: lo hizo leyenda (Ironía del destino: la misma provincia que diera a Sarmiento, el que llamaba bárbaro al gaucho, dio a un gaucho al que su pueblo santificó) Tan fundamental era la presencia de Santos Guayama para los descalzos, que los hombres de botas urdieron nueve comunicados oficiales de su muerte, en todos aseguraban que el gaucho rebelde había sido atrapado y fusilado, lo que produjo una reacción mágica del pueblo que lo bautizara: "el hombre que murió nueve veces". No existe más eficaz certificado de eternidad de un héroe popular que su sentencia de muerte expedida por los tiranos. En realidad (o en mito) , ocho veces, ocho hombres decidieron entrar a la muerte con el nombre de Santos Guayama, porque Guayama era como la copla popular, anónima, de todos y de nadie. Por eso, cualquier descalzo ante el yugo del verdugo afirmaba ser don Santos, y así consagraba su fusilamiento a otro renacer del Guayama del pueblo. Es decir, un héroe está hecho de las hazañas de muchos desconocidos, como el canto de Martín Fierro está conformado por todos los silencios de los nadies. El zonda, biógrafo oficial de Santos Guayama, señala, en sus antiguos cuadernos de tempestades, que Guayama llegó a ser lugarteniente del Chacho Peñaloza y teniente coronel en las filas de Felipe Varela y que luego fue él mismo un caudillo que, entre muchas aventuras, lograra en 1868 controlar la capital riojana y hacerse de 200 fusiles. Es decir, Santos fue uno de esos elegidos por la tierra para llevar a cabo el alarido que los ríos, cerros, selvas y desiertos sugieren desde hace siglos en este continente. Aunque la historia oficial lo haya desdeñado o eludido, “el hombre que murió nueve veces” alcanzó eso que jamás consiguieron Sarmiento, Mitre y Rivadavia: Santos Guayama se transformó en un santo de pueblo, en un gaucho sagrado intérprete de las plegarias de los desesperados, que le levantan ermitas, le encienden velas, y le adjudican milagros chiquititos pero fundamentales, como un pedazo de pan o un sorbo de agua. De hecho Guayama lidera en 1860 “la rebelión lagunera”, cuando las lagunas de Guanacache comenzaron a secarse por las tomas hechas aguas arriba, perjudicando, como siempre, a los de abajo. Un hombre que llevaba en sus venas los ecos de los bañados huarpes, no podía mantenerse indiferente ante semejante acontecimiento. Como tantos bandoleros divinos, Santos Guayama robaba y repartía entre los pobres, esto - entre otras cuestiones que demostraban la sensibilidad de Santos con los humildes - hizo que el padre Brochero, el cura gaucho, se acercara a él y forjara una amistad que duró hasta la última muerte (la novena) de Santos Guayama en 1879. “Montonero de Guayama,/ el del poncho calamaco/ y la vincha colorada…/ el del caballo de acero/ y la montura chapeada;/ el que lleva su hidalguía/ en la punta de su daga/ y el que tiene cien victorias/ en su lanza de tacuara…/ ¿A dónde vas, montonero, montonero de Guayama?”. (“Los Gauchos de Guayama” de Miguel Martos) La mayoría de los argentinos jamás escuchó hablar de Santos Guayama. 
Cierta vez Arturo Jauretche propuso dar vuelta los mapas del mundo y hacer que el mundo comience desde el sur. Habrá que hacer lo mismo con nuestra historia, darla vuelta y hacer que ella empiece por los héroes de los de abajo.

12/04/2014

VICENTE Y LAS PALOMAS

En épocas en que traen aguiluchos, caranchos y halcones para matar a las palomas, un hombrecito consagra su vida a darles de comer...esta es la historia de Vicente, uno de los guardiantes del otro tiempo de Buenos Aires