DEDICADO

En memoria de Santiago Maldonado. Pedimos justicia.

12/29/2007

RAYUELA, CAPÍTULO 82

Capitulo 82
Morelliana.
¿Por qué escribo esto? No tengo ideas claras, ni siquiera tengo ideas. Hay jirones, impulsos, bloques, y todo busca una forma, entonces entra en juego el ritmo y yo escribo dentro de ese ritmo, escribo por él, movido por él y no por eso que llaman el pensamiento y que hace la prosa, literaria u otra. Hay primero una situación confusa, que sólo puede definirse en la palabra; de esa penumbra parto, y si lo que quiero decir (si lo que quiere decirse) tiene suficiente fuerza, inmediatamente se inicia el swing, un balanceo rítmico que me saca a la superficie, lo ilumina todo, conjuga esa materia confusa y el que la padece en una tercera instancia clara y como fatal: la frase, el párrafo, la página, el capítulo, el libro. Ese balanceo, ese swing en el que se va informando la materia confusa, es para mí la única certidumbre de su necesidad, porque apenas cesa comprendo que no tengo ya nada que decir. Y también es la única recompensa de mi trabajo: sentir que lo que he escrito es como un lomo de gato bajo la caricia, con chispas y un arquearse cadencioso. Así por la escritura bajo al volcán, me acerco a las Madres, me conecto con el Centro -sea lo que sea. Escribir es dibujar mi mandala y a la vez recorrerlo, inventar una purificación purificándose; tarea de pobre shamán blanco con calzoncillos de nylon
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JULIO CORTÁZAR

12/08/2007

SOY UN GRASA

No le temo a lo popular: Evita fue una virgen de pensión, el vino del minero rescata la pasión del bajo cielo del verso de Dávalos; no le temo al chamamé delatando pobrezas de Litoral, no le temo a Calamaro y a Fito runruneando la Argentina de una generación; no le temo a los versos de Neruda, a los cuentos de Benedetti, no, no temo decir que Kirchner hizo cosas muy buenas; no, no temo a que el cannon de la clase media me disguste, si Bach puede convivir con Yupanqui, si Teresa Parodi canta la misma tragedia que Shakespeare ¿será que en mi país confunden puentes con muros?
Me emociona la chacarera, y el piano de “La Argerich”, me conmueve alguna canción de Rodrigo y el recuerdo musical de Ginastera. Adoro Fervor de Buenos Aires de Borges y amo las frases de Perón, me emociona leer a Sartre y la dignidad verborrágica de Chávez; es que soy Latinoamericano, mi Quijote es Martín Fierro, nací en un barrio donde las plegarias se multiplican a fin de mes.
Me llamen grasa o negro, pero siento algo con los versos de Tejada Gómez, algo parecido cuando el músico de tren entona Luna Tucumana, ¿será que el puente es más largo de lo que creemos, será que la cultura es el chipá, que las moscas custodian en la estación de Retiro?
Cacho Castaña y su canto húmedo, la calle Florida y sus estatuas vivientes, alguien podría exiliarse de todo esto, yo no.

Pedro Patzer

12/06/2007

MARTE

No nos vayamos nunca de Marte, de las Palmeras Salvajes, de la Rayuela en los pies fatigados de cielos y tierras; no, nos vayamos de Whitman, la hierba poética crece en lo no dicho; no, nos vayamos del océano balbuceado por Juan Ramón Jiménez, por el caluroso verano en los versos de Lorca, en las sandalias de los griegos a orillas de los volcanes de la humanidad. No, nos vayamos, ahí está lo que Dios calla, ahí, en el Aleph, en Cristo según Papini, en Denevi falsificando las verdades de este mundo, no nos alejemos de Gelman y su Rocinante rojo, de la vigüela de Martín Fierro y Yupanqui, por favor, ahí está la vida, el pájaro que insiste en lo que el vocabulario resigna, ahí está el alquitrán de uno mismo, la escalera con palomas, los versos de café de Álvaro Mutis, Las Mil y una Noches, primer libro del deseo; no nos alejemos de Bach y Gould jodiendo al ruidoso farfullar de los tanques, de Víctor Hugo poniéndole belleza al último día de un condenado, a Dalmiro dando instrucciones para callar la gran amenaza de los sellos y trámites en el desierto, no nos alejemos de los que venden universos en el tren Vía Quilmes, en el descenso del viejo equipo, en las palomas de plaza San Martín, burlándose de la arquitectura y los monumentos, no, no nos alejemos del ángel que murmura el verso, del diablo que dicta la página a medianoche, del vino del minero, de Mercedes Sosa emulando a las sirenas...no nos olvidemos de lo que somos, esa es la manera de seguir cambiando.

Pedro Patzer, a orillas del jazmín