DEDICADO

Este blog está dedicado a mi musa Mercedes

8/22/2017

Las horas y tus pasos, el horizonte y tu voz

por Pedro Patzer

Hay un momento en el que se decide volver a nacer
Y se desoye al campeón y al profesor
Al santo siempre pulcro y al mapa inmóvil
A las fórmulas exactas de las eminencias
Y al cuaderno de notas del profeta.
Es el instante en el que las horas se hacen tus pasos
Y el horizonte, tu voz

8/18/2017

La imaginación como arma

por Pedro Patzer

Parte de la formación de un Samurai consistía en abrevar en otras artes: la ceremonia del té y la caligrafía, aunque la que más curiosa - entre estas prácticas - era la del dibujo de sus espadas. Estos implacables guerreros, debían aprender a dibujar su arma. ¿Qué sentido tenía que un Samurai dibujara su espada? ¿Acaso porque las cosas sin Dios sólo alcanzan su alma, cuando un corazón humano las elabora, o será  que nadie puede dominar aquello que no es capaz de recrear en su imaginación?

8/11/2017

Hacerse Canción

por Pedro Patzer

Hace años que estoy buscando  una canción,
a veces me parece hallarla en un amor,
en un dolor, en un paisaje,
en un Dios descalzo,
en un linyera traficante de las otras riquezas,
en un piano que imita el cantar del último pájaro de la noche,
en la telaraña del mundo en la que se enreda el ángel
en un barco que se parece a la mirada de domingo
de mi padre.
Hace siglos que voy detrás de una canción
y a veces creo recordarla en la voz de mi madre,
o en el jardín en el que se transformara su ausencia,
en la herida del Cristo cotidiano, en la calavera de Hamlet
que se ha quedado sin quien le haga la existencial pregunta
Hace milenios busco esa canción y a menudo
se aparece en el silencio de los vencidos,
en el que dignamente no olvida
en el que justamente perdona.
Hace muchas almas que voy detrás de esa canción,
suele revelarse en el gemido del amor,
en el sencillo y humano milagro de quien hace el pan,
en el rumor del río que todos llevamos dentro,
en la aurora que cada tanto acontece en nuestro corazón.
Hace varios caminos que ando buscando una canción,
aunque un alquimista me advirtiera:

“la única manera de hallar esa canción, es hacerse canción”

8/02/2017

Los esclavos de ahora

por Pedro Patzer

Los esclavos de ahora, los que confunden cv con biografía; morar en los días con ser parte de la historia; los que no se reconocen en lo que aman, ni en lo que odian. Los que no se encuentran desnudos ante los descalzos; los que están colmados de certezas ante un mundo que se desmorona. Los traficantes de héroes perfectos y los creadores de sus propias estatuas; los aduaneros de la cultura que en nombre del buen gusto desprecian las manifestaciones populares. Los que se vuelven ciber gendarmes de la manera de vivir de los otros, prefectos de las cimas a las que nunca accedieron. Esclavos, porque jamás piensan en cambiar su corazón para modificar el corazón de la humanidad. 

7/29/2017

Pachamama por la identidad, identidad por la vida


por Pedro Patzer

Si cualquiera de nosotros hiciera el ejercicio de contar cuántas veces en un día, escucha o lee la palabra muerte en la tele, la radio, diarios o portales web, quedaría impresionado.La palabra muerte se ha puesto de moda, y curiosamente, quienes la instalaron son los que están envenenando la tierra (y el corazón humano) por sus intereses.
En medio de esta pandemia de la palabra muerte, es necesario trabajar con la identidad. La identidad tiene que ver con la vida. Es decir, si vos no conocés el nombre del árbol que están talando, la historia del pueblo que habita la montaña que están hiriendo, la cultura del río que están contaminando, es fácil que avasallen con todo esto, que la muerte avance sobre la desconocida vida.
El trovador santafesino Orlando Vera Cruz, considera que gaucho es el que ve pasar un pájaro y sabe qué pájaro es. En el color, el canto y el vuelo de la calandria, la diuca o el chajá, él encontrará una leyenda, una historia, una partecita de su cultura en la que reconocerse.  La colonización cultural no sólo es un problema ideológico, también es un asunto vital. Google nos proporciona un GPS preciso para guiarnos por los remotos caminos, pero a la vez nos quita la posibilidad de perdernos para encontrarnos, para hacernos preguntas hacia dónde vamos. ¿Acaso sabés qué significa, por ejemplo, Catamarca, o qué hizo Rivadavía para ser la avenida más larga del país? ¿O qué quiere decir Pilcomayo o Uritorco y de que lenguas provienen? Despertar a la identidad, es despertar a la vida. Un trovador argentino, de familia irlandesa, se apellidaba Dojorti, pero cuando interpretó el llamado de su tierra, cambió su nombre por Buenaventura Luna, el nombre de un viejo campesino que le contaba historias de su pueblo, de sus leyendas, de su naturaleza.
La Pachamama es la vida y es la Tierra, es nuestro tiempo en este planeta, pero también es nuestra cultura. Para no banalizar la ecología, debemos tomar conciencia que fortalecer nuestra identidad, es defender también la ecología. Asunto que Greenpeace no puede enseñarnos. Esto lo retrata el poeta riojano Héctor David Gatica, quien en un poema demuestra que la conquista no sólo despojó a diaguitas, de su tierra y su libertad, sino que también les arrebató sus dioses ecológicos: “...por las altas memorias de las montañas solitarias/ huyendo de la llanura profanada:/ la fecunda Pachamama de la lengua kakana/ la madre de la Tierra./ La Zapam Zucum que orienta con el humo,/protectora de los algarrobos./ Ella cuida a Vichigasta los niños de las cosecheras/ La juguetona y risueña Yacurmana,/ de Churquis y la costa del medio, madre del agua/ El veloz Yastay/ hijo de la montaña,/ dios de las manadas y las aves del campo…” La colonización cultural, al despojarnos de nuestra cultura ancestral, de alguna manera desactivó a los dioses originarios que tenían como función custodiar el agua, la montaña, las aves, los animales, los frutos. Más allá de la creencia, el peso pedagógico de estas divinidades aborígenes que tenían como función hacernos tomar conciencia de la importancia de la Tierra y lo que ella engendra. Esta falta de respeto cultural, esta ignorancia de nosotros mismos, nos conduce siempre a las crisis. Creídos que las crisis son económicas y morales, los tilingos recurren a ejemplos como los de Suiza, Noruega, Alemania, etcétera; desconociendo que los diaguitas en las montañas tienen una receta para nuestras crisis, que los omaguacas en la quebrada tiene un consejo para nuestras crisis, que los mapuches en la Patagonia tienen un mensaje para nuestras crisis, que los nietos de Martín Fierro en la Pampa tienen un par de milongas para nuestras crisis. Todos coinciden en algo: nuestra crisis es desconocernos. Si no sabemos quienes somos, ignoramos a la Pachamama. La Pachamama es Identidad. La identidad es Vida. La única manera de ganarle a la muerte de moda, es poner de moda nuestra identidad, nuestra manera de ser en la vida.






7/28/2017

Los Misterios

por Pedro Patzer

A Van Gogh lo visitó la inspiración, pero no tenía dinero para comprar pinturas. Entonces, tomó sus viejas telas pintadas y se las entregó al ropavejero, a cambio del puñado de monedas necesario para comprar pinturas. Nadie sabe si las telas dadas al ropavejero empataban la bellezas de las que Van Gogh legara a la humanidad. Averiguarlo sería tan imposible como intentar comprender por qué Chaplin murió en Navidad.

7/26/2017

La Libertad

por Pedro Patzer

Los arquitectos no pueden construir montañas.
Los magnates no logran corromper al viento
Los científicos no consiguen inventar la fórmula para amar
Los obispos no alcanzan a hacer milagros.
Los publicistas no pueden escribir la historia.
Las computadoras no logran traducir el idioma del árbol.
Los ángeles no aterrizan sobre los portaviones.
Los ríos no cantan las canciones de moda

7/25/2017

Invisble

por Pedro Patzer

Las viejos diccionarios del mundo sostienen que invisible
es el que no puede ser visto.
Contrariamente, los nuevos corazones del mundo sospechan que invisible
es el que no puede reconocerse en su voz

La soberanía audiovisual y el soñar en argentino

por Pedro Patzer



Custodiar la identidad nacional, no es sólo entonar una zamba, citar el Martín Fierro o hacer  apología del asado. Custodiar, fortalecer y desarrollar nuestra identidad, en tiempos en los que los contenidos extranjeros colonizan implacablemente nuestro habla, nuestra manera de vincularnos con la realidad, con la sociedad, con el prójimo, es trabajar por la soberanía audiovisual
Hace años, Scalabrini Ortiz señalaba que la Argentina tenía himno y bandera, sin embargo los trenes eran ingleses y los frigoríficos norteamericanos. Hace algunos días, escuché a Ramiro, mi sobrino quilmeño, hablar en neutro. Hasta le ha pedido a la madre si era posible desayunar huevos y tocinos, cómo lo hacen los personajes de su serie favorita. Sin embargo, hay algo que aún me llamó más la atención de esta colonización pedagógica que padece mi sobrino y esto es que en su cumple,
con sus amiguitos, consumidores de series de Netflix, jugaban a que eran agentes de la DEA persiguiendo a narcos colombianos y mexicanos.
Podría decir que asistir a dicho espectáculo hizo que el mundo se me viniera abajo, aunque justamente lo que hizo fue confirmar la idea  señalada por el viejo Jauretche: nos han educado los que inventaron los mapas, los cartógrafos europeos que, por supuesto,  establecieron en el mapamundi, que el mundo comienza en el norte.
Yo, quilmeño, no jugaba a perseguir narcos colombianos como agente de la DEA, pero, colonizado por las pocas series y películas que daban en ese entonces, era un cowboy persiguiendo Sioux. Por supuesto que este daño cultural con el que me “educaron” aquellas series y pelis, me hizo crecer creyendo que los malos eran buenos y que los buenos eran malos y, desde luego, desconociendo  nuestra historia. Esos contenidos me acercaban al cowboy y al Sioux, no me presentaban al gaucho y mucho menos al ranquel, mapuche, tehuelche, guaraní, etc. Tanto es así, que hasta mi adolescencia estaba convencido de que en Argentina no había indios. Les recuerdo que nací en un lugar llamado Quilmes, nombre adoptado por los aborígenes de los Valles Calchaquíes confinados a caminar desde Tucumán hasta la localidad bonaerense que hoy lleva su nombre.
A diferencia de mi sobrino, yo crecí en una época donde no había internet, y mucho menos Netflix,  y la televisión nos mostraba otras historias, desde Historias de la Argentina Secreta -  semilla de mi vocación, hace catorce años soy autor de los contenidos de Nacional Folklórica y escribo libros sobre la argentinidad - hasta series que me dieron armas para ser más argentino: Carlín me enseñó lo que un “langa” porteño es capaz de hacer por seducir una mina; Atreverse, de Alejandro Doria me enseñó cómo sufre un travesti en nuestra sociedad prejuiciosa, la Banda del Golden Rocket me contó como un viejo auto del abuelo puede unir los caminos de unos primos. Es decir, yo fui colonizado culturalmente, jugaba a los vaqueros, pero historias de la Argentina Secreta me enseñó que había otros héroes cercanos, y Carlín a que uno se puede bajar antes del bondi por tratar de ganar el amor de una mina o la banda del Golden Rocket, que hay cosas como un viejo auto del abuelo que en realidad se transforman en puntos de encuentros. Hoy me preocupa que mi sobrino Ramiro, no halle en los contenidos que consume, puntos de encuentros con su historia, con su país, con su gente, no sólo porque dejará de seducir como un argentino, de soñar como se sueña en este país, sino porque desconocerá las cosas más hermosas que nos hacen ser nosotros y las cosas más terribles que debemos cambiar para ser mejores. El Indio Fernández sostenía que los mexicanos iban a aprender a ser mexicanos al cine (en la época de oro del cine mexicano), nosotros tenemos que trabajar para que Ramiro, sus amigos y los que vengan, además de disfrutar de las geniales series universales, puedan conocer cómo se sueña en argentino. El Estado nacional debe comprender que promover la ficción nacional es fomentar la identidad argentina.

7/21/2017

Ya no hay tiempo para campeones solitarios



por Pedro Patzer

Pues bien, he despertado, he dejado atrás mis ojos de ceguera aprendida, ahora veo a través de eso que hace milenios he sido, antes de ser.
Por lo que puedo sentir como el río y pensar como la piedra, consigo alcanzar todo lo que calla el árbol y todo lo que pronuncia el viento.
Ya la edad no es una lotería de los que rifan el mundo; ahora es un asunto serio, la medida para sanar el océano y el corazón humano. Ya no hay tiempo para campeones solitarios, ni para los fundamentos de las fronteras; ya nos toca pelear por la vida, por el himno de las ranas y el pan de la niñez. Hay que dejar de ser esclavos de lo que no necesitamos, esclavos de deseos e identidades ajenas, dejar de temerle a los fantasmas de la nada y procurar no morir sin haber cambiado un poco la vida.
Hay que hacer ayuno de todo lo que sabemos de memoria, y darle a la humanidad la oportunidad de empezar a mirar de nuevo. Dejar atrás los días como mercancía y el planeta como una fábrica monstruosa. Hemos hecho del mundo un gran escenario sobre el cual se han representado hermosas y patéticas obras, ahora es tiempo de hacer de él, un jardín donde los llegados vengan a aprender a nacer, y donde los que se marchan lo hagan como auroras de los que vendrán. Cuando tanta gente le teme a la muerte, es porque antes que nada le teme a la vida.
¿A dónde vamos después de la muerte? Se pregunta la mayoría. La humanidad sanará cuando la mayoría se pregunte: ¿hacia dónde hacemos que vaya la vida antes de nuestra pequeña muerte?

7/15/2017

¿Desea usted reiniciar el sistema?

por Pedro Patzer

Nos llenan de pestes, nos condenan a ser contemporáneos del fin del mundo.
Nos informan que un puñado posee la fortuna material del planeta, y que
por esa gente hieren las montañas, envenenan los ríos y matan las selvas.
Mientras sus diarios, sus tevés , sus museos, sus equipos de fútbol, sus héroes multimedia, nos enseñan de qué se trata la vida.
Al ciego Borges le gustaba recordar que Demócrito de Abdera, se arrancó los ojos para pensar

7/10/2017

Arte Poe(duende)tica

Por Pedro Patzer

El poeta Diego Holzer de niño pasaba sus días hablando con los duendes, aunque su madre no le creía, él le advertía que no eran duendes imaginarios, eran duendes reales. Tanto es así que le juraba que los duendes hablaban con su voz. ¿Acaso no es lo que Diego Holzer logró con su poesía: hacer que los duendes hablen con su voz?

7/07/2017

Las balas que mataron al mundo

por Pedro Patzer

Las balas con que mataron a Gandhi, 
son los panes que faltan en las mesas desnudas, 
las palabras que no llegan a cambiar un corazón,
las derrotas que no se transforman en semillas de futuro

6/25/2017

El Arte de Ser Humano

por Pedro Patzer

Hay ciertas presencias que nos ayudan a dominar el arte del silencio
y ciertas ausencias el arte de los recuerdos,
hay sucesos que nos adiestran en el arte de la resistencia
y vísperas en el arte de la espera,
hay ríos que nos enseñan el arte de la orillas,
y fuegos, el arte de ser la llama que todo lo purifica,
hay vientos que nos instruyen en el arte de las canciones de nadie
y sabios que nos transmiten el arte de las colinas,
hay sedientos que nos convidan el arte de los desiertos,
y caminantes que nos revelan que el arte del horizonte
sólo se adquiere en el camino
Los viejos maestros suelen decir que el arte de la existencia sólo se alcanza
desenvolviendo el juguete que el adulto dejó varado en su mirada

6/20/2017

Todo lo que los descensos de Quilmes me enseñaron


Por Pedro Patzer



Quilmes es como la vida, no es como deseamos que sea, es como es.
Generalmente las autobiografías fracasan ya que no suelen ser las mejores pinturas de los autorretratados, de hecho las mejores biógrafos de alguien son sus hechos, sus milagros cotidianos, sus vínculos, sus pasiones, sus amores, sus caminos, sus derrotas y sus victorias. No sólo sabemos de San Martín por la liberación de Sudamérica, también dice mucho de él, su amor por la guitarra y el vino. Einstein, no sólo es recordado por la teoría de la relatividad y sus hallazgos científicos, también por su torpeza. Los hijos de sus colegas y amigos esperaban la visita de Albert, ya que siempre rompía algo: arreglos de mesa, jarrones, platos, etcétera. Manuel Dorrego no sólo es memorado por su injusto fusilamiento, también por ser un gran bromista: fue sancionado por San Martín, cierta vez que se burló de la delicada voz de Belgrano, entre tantos otros apercibimientos que recibiera a causa de sus bromas. Estamos hechos de muchas cosas, o como diría Pablo Neruda de su poesía, somos una ola hecha de todas las olas. Mi biografía, como la de tantos hinchas, está hecha, entre otras cosas, por la compleja historia del Quilmes Atlético Club (me niego a llamarlo “Atletic”, como fue fundado por los ingleses adictos al té y que generara el nacimiento de su archirrival “Argentino de Quilmes”, apodado el mate)
Wikipedia advierte que Quilmes es el club que más veces perdió la primera categoría en la historia del fútbol argentino; pero también el que más veces ascendió. Pienso en cómo se parece a mi vida esta definición: ¿Cuántas veces me fui al descenso, pero cuántas veces hice todo para volver a ascender? Y subo la apuesta, cómo se parece a mi Argentina: ¿Será el país que más veces se fue al descenso pero también, gloriosamente, el que más veces consiguió ascender? Dictaduras, crisis económicas terminales, neoliberalismo, pobreza, y de repente se pone de pie y juzga a los militares, y vuelve la democracia, y vuelve a caer, y vuelve la justicia social, y vuelve a caer y así. Sin embargo hay algo en esto de tener fe en el ponerse de pie, una fe tan argentina, tan del hincha de Quilmes que hasta podría llegar a decir que después de cada descenso, de cada crisis, no somos los mismos y que hasta - paradójicamente -somos mejores. Por estos días en que habita en mi la desazón de regresar a la B, recordé al mejor de los peores jugadores que se haya visto en el fútbol mundial. Un crack con mala fortuna, un habilidoso que nació con los pies equivocados, me refiero a Castro Villaselín, ex jugador, por supuesto, de Quilmes. A muy pocos jugadores se los ha visto hacer las cosas que a Villaselín: iniciar jugadas maradonianas desde la mitad de la cancha, eludir a cinco rivales,  alcanzar el área, superar al arquero y ahí, dejar su huella castrovillacelinsense  y mandarla a la tribuna. Cierta vez, en la cancha de Laferrere, Castro Villaselín tapó con su pecho un remate de un rival, evitó el gol y desde el área chica compuso una jugada que debiera ser recordada como “La gran Castro Villaselín”, desde el punto del penal comenzó a danzar con el balón, sus movimientos eran de una belleza muy pocas veces vista  en la historia de la cancha de Laferrere y diría en la historia del Nacional B (como se llamaba en los noventa a la segunda división) Villaselín comenzó a eludir rivales, eran un toro desdeñando a los toreros, no había espectador que no sospechara que estaba siendo parte de un acontecimiento irrepetible (no hay registros fílmicos de esta “contrahazaña” deportiva) porque el mejor de los peores jugadores dejaba la prosa del fútbol para habitar la poesía, de modo que Castro Villaselín, entre caños, bicicletas, y otros menesteres, eludió a los once jugadores de Laferrere, dado que el arquero se vio encandilado ante lo sublime de semejante jugada. Villaselín estaba solo frente al arco, fue entonces que el gran Castro, el que había dejado a todo el equipo rival revolcado en la cancha, el que hizo del público de un partido mediocre, testigo de un suceso extraordinario, mandó la pelota al circo que estaba instalado en el terreno lindero.
La hinchada de Quilmes no se quejó, la de Laferrere no se burló, todos sabían que allí había un distinto, un jugador que venía a enseñarnos – como Quilmes y sus descensos, como Argentina y sus crisis - el otro corazón de este juego que todo creíamos saber de memoria.